Nuestra madre siempre va a ser una de las personas más importantes de nuestra vida, se da una relación y un vínculo especial, suele ser la primera palabra que decimos cuando somos niñ@s y la última cuando vamos a morir.

Esta relación es tan especial porque hemos compartido el mismo cuerpo, la misma sangre, las mismas hormonas, las mismas emociones y sentimientos durante nuestros primeros meses de vida, durante nuestra vida intrauterina.

Cómo nos hemos vinculado con mamá nos va a condicionar mucho en nuestra vida, va a marcar como van a ser nuestras relaciones interpersonales.

En los 20 años que llevo trabajando como psicóloga me he dado cuenta que gran parte de los bloqueos que nos impiden llevar una vida plena y satisfactoria tienen su origen en nuestra relación con la madre. Ella ha sido el pilar fundamental en los primeros años de nuestras vidas, tanto si ella ha estado presente como si ha permanecido ausente, el vínculo emocional o la ausencia de ese vínculo marcan muchas de nuestras tendencias, patrones de conducta y necesidades emocionales actuales.

 

Si existe un vínculo fuerte en esta vida es el que establece una madre con su hijo o hija, éste vínculo sigue estando hoy en día ahí, tanto es así que a veces las mamás toman a los hijos cómo proyección de ellas mismas. Y los hijos tomamos a nuestras madres también como parte de nosotros mismos, de hecho si te das cuenta la madre es una de las personas que mejor te conoce, e incluso que más te puede sacar de tu centro…

 

Como psicóloga he podido observar en mis clientes que el vínculo con la madre marca nuestra vida presente y futura, y momentos tan destacados como la elección de nuestra pareja, la capacidad de elegir un modo de vida satisfactorio, nuestros propios partos y la relación con nuestros propios hijos. Un vínculo adecuado proporciona más seguridad y confianza en uno mismo, en definitiva nos convierte en personas más felices y seguras.